Chessdar (Finale)
Finalizada la restauración y traducción completa de la inconclusa biografía del gran Maestro Jan Mark van Rooterinjgk, compartimos sus últimos avatares.
Página 46, sección cuarta del Umm el Qissa. Continuamos leyendo las postreras palabras de su mentor, de Koonig:
"Recuerda: No añadas azucar a la receta de Oma Gertrud porque arruina el sabor de la canela...".
Nada importante nos añaden sus páginas íntimas a nuestra historia. Por ello, codeamos el diario íntimo del mentor de nuestro malogrado héroe a un lado y continuamos con las crónicas febrilmente recopiladas por el experto en laberintos y enólogo francés André Ridois. Prost!
"Su talento fue creciendo al espasmódico ritmo de cada caricia que su diestra mano le donaba a cada pedazo de madera tallado. Al principio, comenzó a elaborar tantas variaciones sobre conocidas aperturas, que si tuviéramos que escribirlas en un libro, necesitaríamos talar 100.000.000 billones de árboles para fabricar celulosa. Lidiar con el marketing, los gremios, corromper políticos, realizar exitosos lobbys, matar a un ruiseñor y recién en ese momento, tendríamos una colección inspirada en las variaciones van Rooterinjgk. La misma estaría compuesta por 189 tomos de 56.789 páginas cada uno, a razón de 1 variación por carilla. Agradecemos a Rupert Güngrass por haber hecho generosamente los cálculos pertinentes para ejemplificar el genio sin igual de van Rooterinjgk.
Previsiblemente, matemáticos, físicos cuánticos y médicos no-lineales objetan este cálculo, aduciendo que sería económicamente inviable crear esta colección de variaciones sobre aperturas ajedrecísticas del siglo XIX".
Volvamos al talento, citando las ahora sí certeras palabras de su mentor de Koonig:
"La facilidad con la que destrozaba, aniquilaba, desmenuzaba, destripaba a sus rivales, comenzó a ser terrorífica. Su capacidad de predecir los movimientos que haría el contrincante de turno, fue el primer movimiento que lo acercaría definitivamente a la caída de su Rey.
Todo empezó luego de derrotar en fatigosos 789.847 movimientos al que hasta ese entonces era considerado el ajedrecista más grande de todos los tiempos, el indio Raji Shravantar, invicto hasta el octavo día del florido mes de mayo, en ese crítico año de 1913. La partida (la más larga hasta la fecha) tuvo una duración de 19 días, 21 horas, y 89 segundos. Bien hará el lector en preguntarse por qué 89 segundos?. Tampoco lo sabemos.
Durante ese lapso, murieron de inanición 57 periodistas, 89 miembros del público, y el tío de Raji. Citamo aquí la regla responsable de semejante pandemonio:
Regla 4, inciso 78:
"Todo aquel espectador presente en el momento que se efectuare el primer movimiento de la partida por el título mundial de Ajedrez, no podrá abandonar el recinto hasta que la misma arribe a su fin".
El certero movimiento del único peón negro que restaba sobre el amaderado tablero, fue suficiente para decretar el jaque mate al solitario Rey blanquecino. Raji, abrumado, en estado de delirio por el agotamiento, decidió que ese mismo quebrado soberano tallado en mármol blanco, fuera su primer (y último) alimento. La ingestión de dicha pieza, luego de felicitar caballerosamente a van Rooterinjgk, fue la tinta que firmó su sentencia de muerte.
El único testigo de esa masacre, fui yo, de Koonig.
Lo único que me queda ahora es mi brazo derecho, reservado para componer esta elegía a mi más notable discípulo.
El resto de mi mermado cuerpo fue alimento y bebida para mi genial Jan. El manjar original fue mi tosca pierna izquierda; fue decisiva la incómoda presencia de ciertos callos (adornando barrocamente la planta de mi pie zurdo) que impidieron obstinadamente el equitativo reparto de mi peso corporal al caminar.
Misma suerte tuvo la musculosa pierna derecha, tiernizada a fuerza de golpes contra la pared. Mi brazo izquierdo pereció alrededor del día 18. Alégrome que fuera útil para que Jan conquistara la cima tan merecida. Agradezco los amorosos cuidados que día a día me brinda mi amadísima Thea Rommedahl, diosa terrena sin la cual esta historia no podría ser contada. También ella agradece aun hoy que la partida no se haya prolongado aun más, ya que además de obstinada hoy sería una esposa insatisfecha".
N de la R: El siguiente relato es adjuntado debido a su valor histórico, amén de ignorarse su origen cierto. Hay fuertes indicios que indicaría que el autor es d.
N de la R: El escriba que estaba posando su pluma en el momento de inmortalizar el nombre del supuesto autor del relato que continúa a esta nota, falleció en circunstancias misteriosas. Se le encontró la lengua bañada de un líquido azul.
N de la R: El escriba responsable de la nota anterior a ésta, olvidó revelar el nombre del supuesto autor de la nota que aparece dos líneas abajo: de Koonig.
"Clarividencia.
Las partidas fueron cada vez más breves. La tremebunda capacidad de predecir los movimientos de sus circunstanciales contrincantes crecía a ritmo desenfrenado (el musicólogo austríaco Reinhard Fiebel afirma que este mismo ritmo alocado podría haber influído decisivamente en Stravinsky para que componga su genial Le Sacre du printemps).
La primera partida que disputó como poseedor del cetro mundial aconteció en Göteborg durante una cálida jornada sabatina (24/08/13). Su rival fue el renombrado Andreas Tholen, célebre por su apertura de los tres caballos. Apenas comenzado el match, Jan notó claramente que podía establecer su estrategia sabiendo qué movimientos haría Andreas hasta la situación 5 (5 movimientos efectuados por cada jugador).
El crudo invierno germánico fue el blanco marco dentro del cual descubrió, en Bremen (15/10/18), ante el afgano Omar Saleem, que su don premonitorio llegaba hasta la situación 9.
Oprimido por un clima exageradamente hostil, sentado frente a Vasselin Todorov, breves instantes antes de que la primera partida del match pactado a 12 enfrentamientos comenzara en la capital búlgara Sofía, su clarividencia lo abrumó. Se supo vencedor apenas efectuado el primer movimiento; se supo vencedor del match completo; supo con divina insolencia cada pensamiento de su rival; supo el perfecto recorrido de cada gota de sudor que Todorov producía; supo que ya nada quedaba por saber, mas esperar.
El match finalizó tras un promedio de 8 movidas por partida.
Lentamente, su don fue ganando terreno sobre su fatigada vida. Con el primer matinal parpadeo, sabía con pavorosa precisión cada cosa (por baladí que fuere) que iba a suceder en su previsible día.(John Rut, titular de la cátedra "literatura latinoamericana y sus lazos con pasados probables" comenta en un artículo publicado por la revista dominical del Times que esta utilización del término "baladí" podría demostrar la decisiva influencia del maestro de Koonig sobre la obra completa de Jorge Luis Borges).
Predijo sin duda alguna cada rival que le tocaría, como así también con qué variante le ganaría a cada uno de ellos. En ocasiones me señalaba, durante la partida, alguna bella señorita entre el público y me espetaba: -Maestro de Koonig, hoy compartiré lecho y efluvios personales con aquella blonda dama sentada junto al hombre de sombrero de copa-.
La depresión comenzó a ser su pan cotidiano. Cada aventura predecida, cada visita que posaba su sombra en la chambre quatre cent quarante-quatre del fastuoso Hotel aux Provence sobre la Rue d´Argent 587 en el secreto pueblo de Orét-en Provence, fallaba en conmover a Jan.
Agudizado su estado depresivo, recurrí al céleberrimo psicoanalista, psiquiatra y aficionado al ajedrez Dr Antoine du Rapresse, famoso en ese entonces por rebatir las teorías más celebradas de su mentor, Siegfrid Hümmell.
Mis intentos fueron vanos. Lo recibió una agradable misiva, quince nardos y un tablero firmado por el mismo Gran Super Maestro van Rooterinjgk. Cada amigo, admirador o mujerzuela que intentaba llegar al lejano piso, fracasó en el intento. Nada escapaba a su visión.
Ese primer día del más frío agosto que mis articulaciones recuerden, fue el último en el cual lo vi con vida. Me recibió de buen humor, postrado en su cama, sin siquiera moverse; abrumado por el detalle obsesivo de cada segundo que caía sobre sus sentidos con todo el peso de los universos. Siempre admiré la naturalidad (e impostada sorpresa) con la que recibía mis palabras, mis gestos, ademanes, aromas, previamente presentidos por él. Hablamos sobre ciertas irrelevancias del día anterior, compartimos unos tragos de café frío, y estrechándome la mano con cierta dificultad, me señaló con su mirada un sobre sobre su polvoriento escritorio. Supe que cualquier palabra sería fútil. Lo miré con digna emoción, aun sabiendo que él ya me habría observado en ese estado mucho antes de que mis labios saborearan mi última lágrima. Tomé el sobre, lo guardé previsiblemente en el bolsillo interno de mi saco y dejé la habitación 444 por última vez.
No citaré aquí todas las líneas que plasmó Jan en la que sabía que sería su último ejercicio literario; simplemente les revelaré, que hoy, sobre el final del primer día de agosto, sé con seguridad que mi amado discípulo Jan Mark van Rooterinjgk, gozará de la última bocanada de aire en el minuto 25, de la vigésimo segunda hora del día séptimo de este mes.
Primero, será untado enteramente en queso camembert. Sus partes pudendas, cubiertas por paradisíacas hojas de rúcula. Trozos de parra para cubrir sus párpados. Menta picada sobre sus palmas. Se encontrarán restos espolvoreados de azufre, hierro y alquitrán sobre su cabeza. Su cuerpo, destrozado por el peso del ejemplar vacuno, será descubierto al tercer día, durante la extrañamente calurosa mañana del día 10 del mismo mes"
El generosísimo André Ridois, nos comparte su más íntimo tesoro: las últimas palabras de Jan Mark van Rooterinjgk.
"Sé que me espera un deceso tortuoso y terrible. Nunca la he visto, pero sé que mi ultimadora es Gurtrud McKellen, hija predilecta del último escocés más fuerte de Laagraven. Expreso por escrito, mi última voluntad: Renuncio a cualquier tipo de acción penal contra ella. El peso de saber la vida que le espera de llevar a cabo dichas vengativas acciones, me llenan de terror."
por último:
"Acostumbrado rutinariamente a ver, sentir, oler, escuchar cada momento por-venir, me alegra horrorosamente la certeza de no saber qué vendrá después de morir aplastado por la vaca. Dios, sabe más".
Cumpliendo la última predicción del inolvidable van Rooterinjgk, publicamos este respetuoso homenaje biográfico.
Umm el Qissa.
Abukasem
Página 46, sección cuarta del Umm el Qissa. Continuamos leyendo las postreras palabras de su mentor, de Koonig:
"Recuerda: No añadas azucar a la receta de Oma Gertrud porque arruina el sabor de la canela...".
Nada importante nos añaden sus páginas íntimas a nuestra historia. Por ello, codeamos el diario íntimo del mentor de nuestro malogrado héroe a un lado y continuamos con las crónicas febrilmente recopiladas por el experto en laberintos y enólogo francés André Ridois. Prost!
"Su talento fue creciendo al espasmódico ritmo de cada caricia que su diestra mano le donaba a cada pedazo de madera tallado. Al principio, comenzó a elaborar tantas variaciones sobre conocidas aperturas, que si tuviéramos que escribirlas en un libro, necesitaríamos talar 100.000.000 billones de árboles para fabricar celulosa. Lidiar con el marketing, los gremios, corromper políticos, realizar exitosos lobbys, matar a un ruiseñor y recién en ese momento, tendríamos una colección inspirada en las variaciones van Rooterinjgk. La misma estaría compuesta por 189 tomos de 56.789 páginas cada uno, a razón de 1 variación por carilla. Agradecemos a Rupert Güngrass por haber hecho generosamente los cálculos pertinentes para ejemplificar el genio sin igual de van Rooterinjgk.
Previsiblemente, matemáticos, físicos cuánticos y médicos no-lineales objetan este cálculo, aduciendo que sería económicamente inviable crear esta colección de variaciones sobre aperturas ajedrecísticas del siglo XIX".
Volvamos al talento, citando las ahora sí certeras palabras de su mentor de Koonig:
"La facilidad con la que destrozaba, aniquilaba, desmenuzaba, destripaba a sus rivales, comenzó a ser terrorífica. Su capacidad de predecir los movimientos que haría el contrincante de turno, fue el primer movimiento que lo acercaría definitivamente a la caída de su Rey.
Todo empezó luego de derrotar en fatigosos 789.847 movimientos al que hasta ese entonces era considerado el ajedrecista más grande de todos los tiempos, el indio Raji Shravantar, invicto hasta el octavo día del florido mes de mayo, en ese crítico año de 1913. La partida (la más larga hasta la fecha) tuvo una duración de 19 días, 21 horas, y 89 segundos. Bien hará el lector en preguntarse por qué 89 segundos?. Tampoco lo sabemos.
Durante ese lapso, murieron de inanición 57 periodistas, 89 miembros del público, y el tío de Raji. Citamo aquí la regla responsable de semejante pandemonio:
Regla 4, inciso 78:
"Todo aquel espectador presente en el momento que se efectuare el primer movimiento de la partida por el título mundial de Ajedrez, no podrá abandonar el recinto hasta que la misma arribe a su fin".
El certero movimiento del único peón negro que restaba sobre el amaderado tablero, fue suficiente para decretar el jaque mate al solitario Rey blanquecino. Raji, abrumado, en estado de delirio por el agotamiento, decidió que ese mismo quebrado soberano tallado en mármol blanco, fuera su primer (y último) alimento. La ingestión de dicha pieza, luego de felicitar caballerosamente a van Rooterinjgk, fue la tinta que firmó su sentencia de muerte.
El único testigo de esa masacre, fui yo, de Koonig.
Lo único que me queda ahora es mi brazo derecho, reservado para componer esta elegía a mi más notable discípulo.
El resto de mi mermado cuerpo fue alimento y bebida para mi genial Jan. El manjar original fue mi tosca pierna izquierda; fue decisiva la incómoda presencia de ciertos callos (adornando barrocamente la planta de mi pie zurdo) que impidieron obstinadamente el equitativo reparto de mi peso corporal al caminar.
Misma suerte tuvo la musculosa pierna derecha, tiernizada a fuerza de golpes contra la pared. Mi brazo izquierdo pereció alrededor del día 18. Alégrome que fuera útil para que Jan conquistara la cima tan merecida. Agradezco los amorosos cuidados que día a día me brinda mi amadísima Thea Rommedahl, diosa terrena sin la cual esta historia no podría ser contada. También ella agradece aun hoy que la partida no se haya prolongado aun más, ya que además de obstinada hoy sería una esposa insatisfecha".
N de la R: El siguiente relato es adjuntado debido a su valor histórico, amén de ignorarse su origen cierto. Hay fuertes indicios que indicaría que el autor es d.
N de la R: El escriba que estaba posando su pluma en el momento de inmortalizar el nombre del supuesto autor del relato que continúa a esta nota, falleció en circunstancias misteriosas. Se le encontró la lengua bañada de un líquido azul.
N de la R: El escriba responsable de la nota anterior a ésta, olvidó revelar el nombre del supuesto autor de la nota que aparece dos líneas abajo: de Koonig.
"Clarividencia.
Las partidas fueron cada vez más breves. La tremebunda capacidad de predecir los movimientos de sus circunstanciales contrincantes crecía a ritmo desenfrenado (el musicólogo austríaco Reinhard Fiebel afirma que este mismo ritmo alocado podría haber influído decisivamente en Stravinsky para que componga su genial Le Sacre du printemps).
La primera partida que disputó como poseedor del cetro mundial aconteció en Göteborg durante una cálida jornada sabatina (24/08/13). Su rival fue el renombrado Andreas Tholen, célebre por su apertura de los tres caballos. Apenas comenzado el match, Jan notó claramente que podía establecer su estrategia sabiendo qué movimientos haría Andreas hasta la situación 5 (5 movimientos efectuados por cada jugador).
El crudo invierno germánico fue el blanco marco dentro del cual descubrió, en Bremen (15/10/18), ante el afgano Omar Saleem, que su don premonitorio llegaba hasta la situación 9.
Oprimido por un clima exageradamente hostil, sentado frente a Vasselin Todorov, breves instantes antes de que la primera partida del match pactado a 12 enfrentamientos comenzara en la capital búlgara Sofía, su clarividencia lo abrumó. Se supo vencedor apenas efectuado el primer movimiento; se supo vencedor del match completo; supo con divina insolencia cada pensamiento de su rival; supo el perfecto recorrido de cada gota de sudor que Todorov producía; supo que ya nada quedaba por saber, mas esperar.
El match finalizó tras un promedio de 8 movidas por partida.
Lentamente, su don fue ganando terreno sobre su fatigada vida. Con el primer matinal parpadeo, sabía con pavorosa precisión cada cosa (por baladí que fuere) que iba a suceder en su previsible día.(John Rut, titular de la cátedra "literatura latinoamericana y sus lazos con pasados probables" comenta en un artículo publicado por la revista dominical del Times que esta utilización del término "baladí" podría demostrar la decisiva influencia del maestro de Koonig sobre la obra completa de Jorge Luis Borges).
Predijo sin duda alguna cada rival que le tocaría, como así también con qué variante le ganaría a cada uno de ellos. En ocasiones me señalaba, durante la partida, alguna bella señorita entre el público y me espetaba: -Maestro de Koonig, hoy compartiré lecho y efluvios personales con aquella blonda dama sentada junto al hombre de sombrero de copa-.
La depresión comenzó a ser su pan cotidiano. Cada aventura predecida, cada visita que posaba su sombra en la chambre quatre cent quarante-quatre del fastuoso Hotel aux Provence sobre la Rue d´Argent 587 en el secreto pueblo de Orét-en Provence, fallaba en conmover a Jan.
Agudizado su estado depresivo, recurrí al céleberrimo psicoanalista, psiquiatra y aficionado al ajedrez Dr Antoine du Rapresse, famoso en ese entonces por rebatir las teorías más celebradas de su mentor, Siegfrid Hümmell.
Mis intentos fueron vanos. Lo recibió una agradable misiva, quince nardos y un tablero firmado por el mismo Gran Super Maestro van Rooterinjgk. Cada amigo, admirador o mujerzuela que intentaba llegar al lejano piso, fracasó en el intento. Nada escapaba a su visión.
Ese primer día del más frío agosto que mis articulaciones recuerden, fue el último en el cual lo vi con vida. Me recibió de buen humor, postrado en su cama, sin siquiera moverse; abrumado por el detalle obsesivo de cada segundo que caía sobre sus sentidos con todo el peso de los universos. Siempre admiré la naturalidad (e impostada sorpresa) con la que recibía mis palabras, mis gestos, ademanes, aromas, previamente presentidos por él. Hablamos sobre ciertas irrelevancias del día anterior, compartimos unos tragos de café frío, y estrechándome la mano con cierta dificultad, me señaló con su mirada un sobre sobre su polvoriento escritorio. Supe que cualquier palabra sería fútil. Lo miré con digna emoción, aun sabiendo que él ya me habría observado en ese estado mucho antes de que mis labios saborearan mi última lágrima. Tomé el sobre, lo guardé previsiblemente en el bolsillo interno de mi saco y dejé la habitación 444 por última vez.
No citaré aquí todas las líneas que plasmó Jan en la que sabía que sería su último ejercicio literario; simplemente les revelaré, que hoy, sobre el final del primer día de agosto, sé con seguridad que mi amado discípulo Jan Mark van Rooterinjgk, gozará de la última bocanada de aire en el minuto 25, de la vigésimo segunda hora del día séptimo de este mes.
Primero, será untado enteramente en queso camembert. Sus partes pudendas, cubiertas por paradisíacas hojas de rúcula. Trozos de parra para cubrir sus párpados. Menta picada sobre sus palmas. Se encontrarán restos espolvoreados de azufre, hierro y alquitrán sobre su cabeza. Su cuerpo, destrozado por el peso del ejemplar vacuno, será descubierto al tercer día, durante la extrañamente calurosa mañana del día 10 del mismo mes"
El generosísimo André Ridois, nos comparte su más íntimo tesoro: las últimas palabras de Jan Mark van Rooterinjgk.
"Sé que me espera un deceso tortuoso y terrible. Nunca la he visto, pero sé que mi ultimadora es Gurtrud McKellen, hija predilecta del último escocés más fuerte de Laagraven. Expreso por escrito, mi última voluntad: Renuncio a cualquier tipo de acción penal contra ella. El peso de saber la vida que le espera de llevar a cabo dichas vengativas acciones, me llenan de terror."
por último:
"Acostumbrado rutinariamente a ver, sentir, oler, escuchar cada momento por-venir, me alegra horrorosamente la certeza de no saber qué vendrá después de morir aplastado por la vaca. Dios, sabe más".
Cumpliendo la última predicción del inolvidable van Rooterinjgk, publicamos este respetuoso homenaje biográfico.
Umm el Qissa.
Abukasem


1 Comments:
Lo malo de lo bueno es que uno siempre quiere más
Impresiontante!
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